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Hola Karen.

…Y ahora un punto de tus preocupaciones. En efecto, es acercándonos al Centro que las inquietudes se van amortiguando. ¿Por qué no decírtelo?

Los que parece que tuvieran algún “poder de decisión”, no tienen absolutamente nada; nada depende de ellos y ellos, como los demás, son hojas secas arrastradas por el viento otoñal.

¿En dónde quedan entonces la libertad, la elección y la responsabilidad humanas? Valen igual para los procesos históricos que para las biografías particulares.

En la vida de cada persona hay muy pocas oportunidades en las que el sujeto está en condiciones de elegir el rumbo de su vida y sacando esto, todo es accidente y descontrol.

A las personas se les recomienda que aprovechen esos pocos momentos, ese recodo del río para decidir sobre sus vidas porque luego, los acontecimientos, encadenados unos con otros, terminan arrastrando todo.

No es muy distinto a lo que sucede en la Historia.

La gente cree que decide pero son los acontecimientos los que llevan las vacas al matadero. Son pocas las oportunidades de decisión que hay en cada ciclo histórico.

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Se avisa, se exhorta a elegir y la gente toma un rumbo u otro… se sigue la luz de un faro o los conjuntos se pierden en las tinieblas.

Así, la responsabilidad personal y la responsabilidad histórica no están dadas por lo que la gente cree que hace o decide sino por su adhesión o rechazo a la luz del faro.

Eso es lo que cuenta en el Destino de cada uno y de los conjuntos, porque “no importa en que bando te hayan puesto los acontecimientos, lo que importa es comprender que tú no has elegido ningún bando”.

Al comprender esto, la gente adhiere a la luz o la rechaza y la luz se acerca o se esfuma.

Es el compromiso con esa luz lo que permite hablar de responsabilidad y de dirección.

Todo lo demás, es la sombra de una sombra; el sueño de un sueño; la imagen de un espejo en un espejo.

Cuando nadie controla nada, la Historia hace lo suyo y siempre es para bien… a pesar de las torcidas intenciones humanas.

En lo que a nosotros toca, perfeccionar la dirección hacia nuestro Centro es lo más importante. Por lo demás, este es un momento de alguna perturbación pero, desde luego, no por lo que comenten los diarios, la T.V., o los “opinadores” sino que los destinos se juegan en los cielos. ¿En qué Cielos? Poco a poco lo iremos entendiendo y poco a poco iremos llamando a las puertas que hay que llamar.

Para terminar, no se vaya a creer que el mundo está en peligro. Es una desproporción creer que unos petarditos infantiles y otras delicias pueden detener la vida y la inteligencia de este planeta. Son, simplemente, sarampiones de crecimiento de una especie infantil, sin manejo de sí misma.

“Sursum corda”, elevad vuestros corazones.


 

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