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Perdonen nuestras culpas

15 abril, 2018
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por Pablo Baqué 

“Como ellos los están matando con armas químicas decidimos intervenir y ahora los matamos nosotros pero con misiles bonitos”.

Curiosa lógica.

Vamos a escuchar de la boca de todos los loros, excusas y argumentos diseñados para convencernos de lo bien que hacen los buenos matando inocentes para ganarle a los malos; pero si miramos hacia el fondo lo más claro que veremos es cómo los loros todo el tiempo nos están haciendo pelear, para que siempre ganen los malos de verdad.

Cualquier civilización que nos pudiera ver desde afuera se horrorizaría de cómo nos comportamos los seres humanos, y se asombraría de nuestra quietud ante las peores atrocidades y crímenes que cometen los gobiernos.

Miramos a Siria como se estuviera muy lejos, así la distancia parece amortiguar el dolor.

Hasta resulta que nuestras miradas se habituaron a ver esas imágenes de la pobreza, la angustía y la tragedia.

Condenamos las acciones terroristas, siempre que provengan de grupos de locos o desesperados, pero aceptamos con fe los argumentos de los gobiernos de locos o asesinos que también ejercen el terrorismo en nombre de la paz y la justicia.

En la Argentina la imbécil grieta que sostiene al sistema parasitario de siempre, ya se ha empezado a pronunciar sobre estos ataques. Por un lado los arrodillados y alcahuetes salieron a justificar esta agresión que huele a sangre y a petróleo, y por el otro algún repudio aislado y enérgico de los dirigentes progresistas que se arriesgaron a pronunciar un audaz: “Qué barbaridad!”

No hay movilizaciones, ni protestas mediáticas, ni convocatorias, ni un cartel o una pintada exigiéndo a los gobernantes que detengan el sufrimiento de estos seres humanos cuyo precio parece ser inferior al que cotiza un ser humano occidental.

No están las fotos de los niños asesinados remplazando las fotos de perfil de las redes sociales.

Y por eso mismo entiendo que los gobernantes asesinos no están solos en la autoría de sus actos infames. Los pueblos corderos, silenciosos y pacientes son los responsables necesarios de esta tragedia.

Estas personas miran, se asustan y no hacen.

O peor aún, miran y no alcanzan a afligirse porque están demasiado ocupadas buscando el sentido de la vida en la pantalla del celular.

Estas mismas personas son las que eligen gobiernos que saben que les harán daño y luego justifican el daño todo lo que pueden hasta que no se tolera más eso de continuar mintiéndose a sí mismas.

Los seres humanos que escuchamos a nuestra conciencia y que queremos que nuestros hijos vivan en un mundo en paz, tenemos que abandonar ya mismo la contradicción estúpida de quedarnos quietos,  pasar nuestros días muertos de miedo, y a su vez darle poder a los verdugos para que decidan sobre nuestros futuros.

Parece utópico, pero el primer paso es bastante más fácil de lo que aparenta.

Tenemos que dejar de agitar banderines y salir a encontrarnos, antes de que nos lastimen tanto el alma que ya no podamos salir.

“El mundo no será destruido por quienes hacen el mal, sino por aquellos que observan sin hacer nada”.

Albert Einstein.

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